Durante algunos años del siglo XXI, millones de personas llevaron en el bolsillo un pequeño dispositivo capaz de comunicarlas instantáneamente con prácticamente cualquier ser humano del planeta.
Decidieron utilizarlo para bailar frente a una cámara.
Los historiadores todavía no han encontrado una explicación satisfactoria.
Algunos estudios apuntan a que se trataba de una forma desesperada de conseguir un futuro. Esto lleva a los sociólogos a apoyar la tesis de que se trataba de uno de los signos más evidentes de aquel colapso inevitable.
TikTok, como se llamó aquella plataforma, alcanzó una enorme popularidad entre los años que precedieron a su desaparición. Sus usuarios grababan vídeos de unos pocos segundos de duración, generalmente acompañados de música, gestos, animales, recetas, opiniones políticas o personas explicando cómo hacerse ricas.
La duración de los vídeos era breve.
La pérdida de tiempo, considerable.
Los efectos colaterales aún siguen siendo caso de estudio, sobre todo en el campo médico.
Durante su apogeo surgió incluso una profesión conocida como creador de contenido. Aquellos individuos producían diariamente pequeñas piezas audiovisuales con la esperanza de que un algoritmo decidiera mostrarlas a suficientes personas como para convertirlas en famosos.
Esta creación de contenido, al tratarse de contenido sin contenido, el concepto en sí mismo suponía una contradicción.
La mayoría no sabía exactamente qué hacía el algoritmo.
Tampoco los responsables de la plataforma.
Pero todos le obedecían.
El colapso
Su desaparición fue prácticamente de un día para otro. El cierre definitivo fue anunciado con muy pocos días de antelación.
Sin embargo, el colpaso real se dio muchos meses antes sin que nadie se diera cuenta. Ni siquiera los ejecutivos de la empresa tenían lo suficientemente claros los motivos.
Esto dio lugar al fenómenos que ahora llamamos disecación digital. En donde la presencia predominante de robots navegando y participando activamente de los videos y transmisiones en vivo, impedía apreciar que el modelo ya no estaba funcionando.
Por otro lado, el fenómeno de atención del público real, se vio limitado por el cerco impuesto por el mismo algoritmo, dando así lugar a lo que hoy conocemos como la supernova digital.
TikTok fue el primero de aquellos naipes en colapsar, pero siguieron otras redes que se basaban en el mismo modelo impuesto.
Fragmento de la Enciclopedia Universal sobre las Costumbres Extrañas del Primer Cuarto del Siglo XXI. Edición revisada, año 2192.

