óleo sobre tela de Carlos Ruano Llópis, formidable estoconazo del pintor alicantino probablemente en la década de los 30 en el siglo xx

Ruano Llópis: Formidable Estoconazo

El toro negro, imponente y herido, ya dobla las patas delanteras sobre la arena, mientras que en el fondo a la derecha se desvanece la figura del subalterno que acompaña en el desenlace.

La postura del matador a la izquierda es solemne teatralidad, sí, pero teatralidad ancestral. Con los brazos extendidos y el pecho erguido, adopta una pose de orgullo y desplante taurino tras haber ejecutado la suerte y tras haber vencido a la muerte. Una muerte que el mismo buscó, para volver a desafiarla una vez más.

La muleta descansa ya en el suelo en primer plano, reforzando la idea de que el acto ha concluido. El primer calañés ya la acompaña, seguirán flores y sombreros, aplausos y tras enjuagar la boca con un chisguete de vino, con toda seguridad la plaza se teñirá de blanco, como dicen los antiguos.

Carlos Ruano Llópis (Orba, Alicante 10 de abril de 1878-Ciudad de México, 2 de septiembre de 1950) destaca por no ser un pintor estático. Si observamos el fondo, utiliza pinceladas circulares y borrosas en tonos verdes, grises y blancos que simulan el polvo, el barullo de la plaza y una atmósfera tensa en el albero. Esto genera un efecto de enfoque casi cinematográfico sobre los protagonistas.

Trazos de colores, pero también en movimiento. Trazos infinitos que logran capturar el tiempo y detenerlo.

El toro mira a su matador, pero no para embestirlo, ni para intentar si acaso, la última cornada al engaño, lo ha descubierto y lo sigue mirando.

¿Pero qué me has hecho?

óleo sobre tela de Carlos Ruano Llópis, formidable estoconazo del pintor alicantino probablemente en la década de los 30 en el siglo xx

Que un toro bravo en su muerte
Que un torito bravo en su muerte
Tienes que derramar más sangre
Que un torito bravo en su muerte
No sé cómo tienes valor
Pa’ hablar de mí malamente